"Tenemos que cambiar radicalmente las condiciones de vergüenza con la que viven los indígenas de Chihuahua, porque uno ve como habitan en casas en las que ya se acostumbraron a ver la pobreza lacerante en la permanecen las familias", expresó el gobernador del estado, César Horacio Duarte Jáquez, al asistir al Consejo Estatal de Pueblos Indígenas de Chihuahua, en 2011.

“Ya estamos preparados para la tormenta invernal”, dijo haces 3 días el César de Chihuahua, calificado por unos como el “emperador” del estado, pero preocupado siempre por el bienestar de las familias chihuahuenses, sin embargo, algunas, por no decir que muchas, no se incluyen en esa misteriosa lista.

Seguramente el gobernador Duarte “desconoce” al igual que su pariente el edil Manuel Duarte, la miseria en que viven las familias tarahumaras en el estado de Chihuhaua, y en particular en el municipio de Meoqui.

Meoqui, Chihuahua.-Postrada en la tierra con sus 6 hijos, todos descalzos alrededor suyo, uno de ellos con los pies en la lumbre, Marisela hace tortillas de harina en un lamina improvisada como comal que es sostenido por tres pedazos de ladrillo; un recipiente de peltre lo usa como plancha para prensar las tortillas, debajo de su falda el intenso frío agrede sus piernas al hacer contacto con el suelo que esta muy húmedo por la lluvia que tiene sufriendo a muchos “chabochis” en sus hogares, incluso con la calefacción encendida.

Dentro de la humilde choza de Marisela se observa una cama repleta de ropa típica de la etnia Tarahumara, más adentro, en otro compartimiento, se halla una cama grande, y sobre ella, una cobija que parece ser el techo.
La pobreza parece ser una maldición que el pueblo raramuri heredó de sus ancestros, pero la realidad es que todos han sido despojados y los que quedan en la sierra poco a poco son desplazados a la ciudad. Saqueados de aquello que legalmente a nadie más les pertenece, su propia tierra, llegan a la “civilización” como su pertenecieran a una especie diferente a la del resto de los que habitan en el estado.

“Les pedí hule para los techos y no me dieron nada” dice refiriéndose a las autoridades locales, y agrega, “no ha llegado ni una despensa, ni cobijas, antes venían, pero ya no se han parado por aquí” son las palabras de doña Susana Hernández Landeros, quien les ha facilitado el patio de su domicilio a varias familias raramuris a cambio de una recompensa que seguramente le espera en el cielo.

No faltara el politiquillo mediocre que ante su incapacidad para solucionar, cuando menos parcialmente el problema, diga que “los tarahumaras son unos huevones”.

Listos siempre para tomarse la foto pero sin atender ni gestionar con firmeza ante las autoridades municipales, estatales, ni federales para cambiar las condiciones en que viven los tarahumaras, en días pasados se entrevistaron con el alcalde Meny Duarte, la Sra. Ma. Del Refugio Bustillos y el Sr. Ignacio Gurrola, quienes se presentaron como Gobernadora indígena y gestor de las buenas causas, respectivamente. Gurrola aprovechó para presumir su elevación simbólica como gobernador indígena con un bastón de mando que dijo le habían conferido los raramuris, pero que en realidad es un símbolo de la inclusión de cualquier persona como uno más de los habitantes indígenas de la entidad y de los diversos grupos étnicos de la sierra. Pero como dicen, el camino del infirno esta llenó de buenas intenciones, mismas que afloraron en dicha reunión, donde el alcalde meoquense informó que ocuparía a una joven raramuri en su gobierno para que atendiera personalmente a los raramuris que llegaran a presidencia a solicitar cualquier servicio, misma que para no variar, y al igual que el 80% de los funcionarios del gobierno municipal, incluyendo al mismo alcalde, vive en Delicias, no habla el dialecto tarahumara, ni le gusta vestir el traje típico de la etnia que representa.

Ya a puerta cerrada, lo representantes indígenas hicieron arreglos que seguramente poco  o nada tenían que ver  con la etnia Tarahumara.

La pregunta que flota en el aire es, ¿En que beneficia a los raramuris vivos tener líderes que solo sirven para tramitar actas de defunción cuando se mueren?

Lo mínimo que el gobierno meoquense debería de hacer es darles las mismas oportunidades que los indígenas tienen en el municipio de Rosales donde realmente fueron integrados a la sociedad con la construcción de viviendas en la Colonia Tapacolmes, y se genera empleo para ellos por parte de los agricultores de la misma comunidad y a diferencia de Meoqui y Delicias, en Rosales no hay niños tarahumaras pidiendo limosna en las calles.

En contraste:

Share To:
Magpress

MagPress

Vestibulum bibendum felis sit amet dolor auctor molestie. In dignissim eget nibh id dapibus. Fusce et suscipit orci. Aliquam sit amet urna lorem. Duis eu imperdiet nunc, non imperdiet libero.

0 comments so far,add yours