Cuando Luisa Torres dio a luz, la religiosa le dijo que iba a dar a su niña en adopción y que, si decía algo, la denunciaría por adúltera y le quitaría a su otra hija.
Madrid.- Sor María Gómez Valbuena hizo y deshizo cuanto le dio la gana durante 30 años, amparada bajo los hábitos de una monja que promovía el amor y los comportamientos más éticos para poder “alcanzar el cielo”. Ahora, a sus 87 años de edad, se ha convertido en la primera religiosa en España acusada del robo de bebés.
La religiosa, perteneciente a la congregación de las Hermanas de la Caridad, se paseaba a sus anchas por los principales hospitales de Madrid eligiendo bebés que posteriormente vendía a la carta por cantidades de entre 50 mil y 150 mil pesetas (de 300 a 900 euros de aquella época). Pero la monja se valía sobre todo de su cargo: encargada del servicio social de la maternidad en la clínica de Santa Cristina.
Las hemerotecas cuentan que hasta 1950 este tipo de sucesos ocurrió en las cárceles franquistas y en las casas de republicanos. El robo de niños era un método más de represión. Durante las cuatro décadas siguientes, el hurto o apropiación de niños se realizó de otras formas: se recurría a las casas cunas y clínicas de maternidad, generalmente ligadas a colectivos religiosos.
Por eso, el panorama cambió. Las madres ya no eran antifranquistas, rojas, o esposas de rojos, sino mujeres de escasos recursos económicos, vestidas con bata de maternidad intimidadas —e incluso amenazadas— por médicos. Eran mujeres aturdidas por la anestesia o por el dolor que les provocaba haber parido. Ahora se arrepiente de ni siquiera haber podido ver el cadáver de su bebé.
Los padres demandantes podían escoger el sexo del niño e incluso hasta sus rasgos físicos, ya que en el caso de las casas cuna las monjas organizaban pasarelas de recién nacidos.
Sor María actuó hasta que su avanzada edad se lo permitió. En 1980, según la Asociación Española para la Protección de la Adopción, la religiosa se jactaba de que tenía en sus manos 3 mil peticiones, siempre a cambio de dinero que significaban “concepto de gastos de hospitalización”.
La Fiscalía de Madrid la llamó como imputada recientemente. María Gómez Valbuena acudió, pero se negó a declarar. Se le acusa de detención ilegal y falsedad de documento público.
El caso que ha llevado a la fiscalía a denunciarla finalmente es el de Luisa Torres, que dio a luz a su hija Pilar en la clínica Santa Cristina de Madrid en marzo de 1982. La monja compareció el 12 de abril ante un juez.
La historia
En 1981, se había separado de su marido, con el que tenía una niña de dos años, y poco después había conocido a otro hombre, con el que inició una nueva relación. Se quedó embarazada y él no quiso saber nada. Angustiada, vio en una revista un anuncio en el que sor María se ofrecía a ayudar a madres solteras, y fue a verla. La monja le dijo que disponía de unas guarderías donde podría dejar a la niña, e ir a visitarla cuando quisiera hasta que hubiera resuelto sus problemas económicos y pudieran vivir juntas. Luisa le creyó.
El 31 de marzo de 1982, dio a luz. Cuenta que la sedaron y que, cuando despertó y preguntó por su hija, sor María le dijo, primero, que había muerto, y después, que iban a darla en adopción y que si decía algo, la denunciaría por adultera y le quitarían a su otra hija también. Luisa, que desconocía que tal cosa no era posible porque el adulterio no era delito, se asustó y volvió a casa sin su bebé.
Aquella niña, Pilar, fue dada en adopción a un matrimonio que no podía tener hijos. El padre adoptivo, Alejandro Alcalde, cuenta que antes de entregarle al bebé, sor María les sometió a un extraordinario interrogatorio sobre sus bienes y grado de religiosidad. Le pagaron dinero.
Hace diez años, Pilar, a la que sus padres adoptivos contaron muy pronto que la habían adoptado, comenzó a obsesionarse con la idea de conocer a su madre biológica.
Su padre adoptivo decidió ayudarla, reaccionado de forma contraria a la de muchos padres adoptivos que suelen mostrarse reticentes a que sus hijos conozcan a su familia biológica por miedo a ser abandonados. Alejandro no tuvo ese miedo. Contrató a detectives y abogados, habló con monjas, investigó todo lo que pudo, hasta que un programa de televisión de Antena 3 encontró a Luisa. Las pruebas de ADN confirmaron que eran madre e hija.
Lo que opina el fiscal
El fiscal jefe de Madrid, Eduardo Esteban, se ha referido a los casos de los niños robados y reconoció que cree que en el pasado existió una “organización” de adopciones donde se produjeron “excesos”, aunque desechó una “trama” entendida como “organización criminal para delinquir”.
Además, descartó que el “caso sor María” se asemeje al ocurrido con el padre Marcial Maciel, acusado de pedofilia. “Son cosas totalmente diferentes, que ni siquiera vale la pena relacionar”.
Se le preguntó si considera que en los 60 y 80 hubo una trama como tal, a lo que respondió que no tiene datos para decir que ésta existió como “organización criminal para delinquir” y que si los hubiera tenido, lo habría investigado.
Sin embargo, señaló que sí que cree que existía “una organización para facilitar adopciones”, algo que, añadió, “era factible en aquella época” porque la adopción “no estaba regulada” y se hacía “de forma particular y privada”.
Como Jekyll y Hyde
Luisa recordó que la monja “era fría, calculadora, como Jekyll y Hyde. Cruel, altiva, se quedó con mi bebé. Hablaba de los niños como si fueran manzanas. Aunque al principio te ganaba, iba tejiendo su telaraña hasta que me atrapó”.
Alejandro Alcalde recuerda a sor María como una mujer “muy fuerte, ahora la veo y ni la reconozco, parece la mitad de su sombra y no solo por la edad. Era una mujer de una terrible frialdad, pero yo le estaba inmensamente agradecido porque me había dado una hija”, explicó en entrevista a El País.
“Recuerdo que en 1981 salió un reportaje que hablaba del tráfico de niños. Yo me peleé con todo el mundo defendiendo a sor María. Estaba convencido de que todo era mentira. Ahora no sé qué pensar”.
Pilar Alcalde, la niña robada, ha hablado poco pero ha sido contundente: “El castigo para sor María debería ser acabar en la cárcel porque ha hecho daño a muchas familias que están sin identidad. Si no lo paga aquí, sé que lo pagará arriba”.
Uno de los abogados, Guillermo Peña, reconoció que la investigación está en “una fase muy prematura”, por lo que no descarta que pidan que se tome declaración a algunos médicos implicados.
“Se trata de investigar y llegar al esclarecimiento de los hechos” y reconoció que lo que está pasando “es que una cuestión incómoda para cualquier estado de Derecho”.
Según el letrado, se persigue la reparación moral de las víctimas. “Éstas quieren que se reconozcan las cosas que se hacían con el encumbramiento de los responsables”.
El silencio de la Iglesia
Desde la Iglesia católica española se guarda silencio, por eso, desde la Plataforma de Afectados por la Causa de los Niños Robados han criticado la “actuación pasiva” de la Conferencia Episcopal respecto a la religiosa sor María.
El colectivo consideró que sería “de vital importancia” que la Conferencia Episcopal condenara de forma “tajante” los robos de recién nacidos que tuvieron lugar en clínicas, hospitales y orfanatos durante varias décadas.
“Esperamos que la justicia no dinamite toda la culpa a una sola monja y prosiga la investigación en esta línea”, insistió la asociación.
Por lo pronto, más de mil 500 denuncias por robo de niños han derivado en solo una imputación, la de la religiosa sor María Gómez Valbuena. Pero entre ese millar y medio de denuncias hay otros nombres de religiosas que se repiten, como el de sor Juana Alonso, de la misma congregación, Hijas de la Caridad, y superiora de la casa cuna de Tenerife entre 1951 y 1970. Hoy tiene 97 años.
Desde que el pasado mes de abril que asistió a los juzgados madrileños para avisar que se negaba a declarar no se ha vuelto a saber nada más de sor María. Aunque versiones periodísticas que afirman que la monja, que vive en un convento, se encuentra enferma debido al estrés que le ha provocado el caso.
Únicas Palabras De Sor María
La religiosa no dio declaraciones ante el juez y se límitó a decir en un comunicado: “Ante las informaciones aparecidas con motivo de mi comparecencia en los Juzgados en calidad de denunciada y la expectación suscitada, pidiendo disculpas si no he sabido atender correctamente a los medios de comunicación, quisiera hacer saber que son completamente falsos los hechos que me atribuyen en la denuncia.
“Me repugna en lo más hondo de mi ser, considero inadmisible e injustificable en cualquier circunstancia y jamás he tenido conocimiento de la separación de un recién nacido de su madre biológica realizada bajo coacciones y amenazas.
“He dedicado toda mi ya larga vida, pues acabo de cumplir 87 años hace poco, a ayudar a los más necesitados de manera desinteresada, como forma de hacer realidad mis profundas convicciones religiosas.
“Quiero dar públicamente las gracias de corazón a todas las personas e instituciones de todo el mundo que me han apoyado, dándome muestras de afecto, respeto y consideración, al conocer la situación que estoy pasando y que espero que se resuelva a la mayor brevedad.”
Madrid.- Sor María Gómez Valbuena hizo y deshizo cuanto le dio la gana durante 30 años, amparada bajo los hábitos de una monja que promovía el amor y los comportamientos más éticos para poder “alcanzar el cielo”. Ahora, a sus 87 años de edad, se ha convertido en la primera religiosa en España acusada del robo de bebés.
La religiosa, perteneciente a la congregación de las Hermanas de la Caridad, se paseaba a sus anchas por los principales hospitales de Madrid eligiendo bebés que posteriormente vendía a la carta por cantidades de entre 50 mil y 150 mil pesetas (de 300 a 900 euros de aquella época). Pero la monja se valía sobre todo de su cargo: encargada del servicio social de la maternidad en la clínica de Santa Cristina.
Las hemerotecas cuentan que hasta 1950 este tipo de sucesos ocurrió en las cárceles franquistas y en las casas de republicanos. El robo de niños era un método más de represión. Durante las cuatro décadas siguientes, el hurto o apropiación de niños se realizó de otras formas: se recurría a las casas cunas y clínicas de maternidad, generalmente ligadas a colectivos religiosos.
Por eso, el panorama cambió. Las madres ya no eran antifranquistas, rojas, o esposas de rojos, sino mujeres de escasos recursos económicos, vestidas con bata de maternidad intimidadas —e incluso amenazadas— por médicos. Eran mujeres aturdidas por la anestesia o por el dolor que les provocaba haber parido. Ahora se arrepiente de ni siquiera haber podido ver el cadáver de su bebé.
Los padres demandantes podían escoger el sexo del niño e incluso hasta sus rasgos físicos, ya que en el caso de las casas cuna las monjas organizaban pasarelas de recién nacidos.
Sor María actuó hasta que su avanzada edad se lo permitió. En 1980, según la Asociación Española para la Protección de la Adopción, la religiosa se jactaba de que tenía en sus manos 3 mil peticiones, siempre a cambio de dinero que significaban “concepto de gastos de hospitalización”.
La Fiscalía de Madrid la llamó como imputada recientemente. María Gómez Valbuena acudió, pero se negó a declarar. Se le acusa de detención ilegal y falsedad de documento público.
El caso que ha llevado a la fiscalía a denunciarla finalmente es el de Luisa Torres, que dio a luz a su hija Pilar en la clínica Santa Cristina de Madrid en marzo de 1982. La monja compareció el 12 de abril ante un juez.
La historia
En 1981, se había separado de su marido, con el que tenía una niña de dos años, y poco después había conocido a otro hombre, con el que inició una nueva relación. Se quedó embarazada y él no quiso saber nada. Angustiada, vio en una revista un anuncio en el que sor María se ofrecía a ayudar a madres solteras, y fue a verla. La monja le dijo que disponía de unas guarderías donde podría dejar a la niña, e ir a visitarla cuando quisiera hasta que hubiera resuelto sus problemas económicos y pudieran vivir juntas. Luisa le creyó.
El 31 de marzo de 1982, dio a luz. Cuenta que la sedaron y que, cuando despertó y preguntó por su hija, sor María le dijo, primero, que había muerto, y después, que iban a darla en adopción y que si decía algo, la denunciaría por adultera y le quitarían a su otra hija también. Luisa, que desconocía que tal cosa no era posible porque el adulterio no era delito, se asustó y volvió a casa sin su bebé.
Aquella niña, Pilar, fue dada en adopción a un matrimonio que no podía tener hijos. El padre adoptivo, Alejandro Alcalde, cuenta que antes de entregarle al bebé, sor María les sometió a un extraordinario interrogatorio sobre sus bienes y grado de religiosidad. Le pagaron dinero.
Hace diez años, Pilar, a la que sus padres adoptivos contaron muy pronto que la habían adoptado, comenzó a obsesionarse con la idea de conocer a su madre biológica.
Su padre adoptivo decidió ayudarla, reaccionado de forma contraria a la de muchos padres adoptivos que suelen mostrarse reticentes a que sus hijos conozcan a su familia biológica por miedo a ser abandonados. Alejandro no tuvo ese miedo. Contrató a detectives y abogados, habló con monjas, investigó todo lo que pudo, hasta que un programa de televisión de Antena 3 encontró a Luisa. Las pruebas de ADN confirmaron que eran madre e hija.
Lo que opina el fiscal
El fiscal jefe de Madrid, Eduardo Esteban, se ha referido a los casos de los niños robados y reconoció que cree que en el pasado existió una “organización” de adopciones donde se produjeron “excesos”, aunque desechó una “trama” entendida como “organización criminal para delinquir”.
Además, descartó que el “caso sor María” se asemeje al ocurrido con el padre Marcial Maciel, acusado de pedofilia. “Son cosas totalmente diferentes, que ni siquiera vale la pena relacionar”.
Se le preguntó si considera que en los 60 y 80 hubo una trama como tal, a lo que respondió que no tiene datos para decir que ésta existió como “organización criminal para delinquir” y que si los hubiera tenido, lo habría investigado.
Sin embargo, señaló que sí que cree que existía “una organización para facilitar adopciones”, algo que, añadió, “era factible en aquella época” porque la adopción “no estaba regulada” y se hacía “de forma particular y privada”.
Como Jekyll y Hyde
Luisa recordó que la monja “era fría, calculadora, como Jekyll y Hyde. Cruel, altiva, se quedó con mi bebé. Hablaba de los niños como si fueran manzanas. Aunque al principio te ganaba, iba tejiendo su telaraña hasta que me atrapó”.
Alejandro Alcalde recuerda a sor María como una mujer “muy fuerte, ahora la veo y ni la reconozco, parece la mitad de su sombra y no solo por la edad. Era una mujer de una terrible frialdad, pero yo le estaba inmensamente agradecido porque me había dado una hija”, explicó en entrevista a El País.
“Recuerdo que en 1981 salió un reportaje que hablaba del tráfico de niños. Yo me peleé con todo el mundo defendiendo a sor María. Estaba convencido de que todo era mentira. Ahora no sé qué pensar”.
Pilar Alcalde, la niña robada, ha hablado poco pero ha sido contundente: “El castigo para sor María debería ser acabar en la cárcel porque ha hecho daño a muchas familias que están sin identidad. Si no lo paga aquí, sé que lo pagará arriba”.
Uno de los abogados, Guillermo Peña, reconoció que la investigación está en “una fase muy prematura”, por lo que no descarta que pidan que se tome declaración a algunos médicos implicados.
“Se trata de investigar y llegar al esclarecimiento de los hechos” y reconoció que lo que está pasando “es que una cuestión incómoda para cualquier estado de Derecho”.
Según el letrado, se persigue la reparación moral de las víctimas. “Éstas quieren que se reconozcan las cosas que se hacían con el encumbramiento de los responsables”.
El silencio de la Iglesia
Desde la Iglesia católica española se guarda silencio, por eso, desde la Plataforma de Afectados por la Causa de los Niños Robados han criticado la “actuación pasiva” de la Conferencia Episcopal respecto a la religiosa sor María.
El colectivo consideró que sería “de vital importancia” que la Conferencia Episcopal condenara de forma “tajante” los robos de recién nacidos que tuvieron lugar en clínicas, hospitales y orfanatos durante varias décadas.
“Esperamos que la justicia no dinamite toda la culpa a una sola monja y prosiga la investigación en esta línea”, insistió la asociación.
Por lo pronto, más de mil 500 denuncias por robo de niños han derivado en solo una imputación, la de la religiosa sor María Gómez Valbuena. Pero entre ese millar y medio de denuncias hay otros nombres de religiosas que se repiten, como el de sor Juana Alonso, de la misma congregación, Hijas de la Caridad, y superiora de la casa cuna de Tenerife entre 1951 y 1970. Hoy tiene 97 años.
Desde que el pasado mes de abril que asistió a los juzgados madrileños para avisar que se negaba a declarar no se ha vuelto a saber nada más de sor María. Aunque versiones periodísticas que afirman que la monja, que vive en un convento, se encuentra enferma debido al estrés que le ha provocado el caso.
Únicas Palabras De Sor María
La religiosa no dio declaraciones ante el juez y se límitó a decir en un comunicado: “Ante las informaciones aparecidas con motivo de mi comparecencia en los Juzgados en calidad de denunciada y la expectación suscitada, pidiendo disculpas si no he sabido atender correctamente a los medios de comunicación, quisiera hacer saber que son completamente falsos los hechos que me atribuyen en la denuncia.
“Me repugna en lo más hondo de mi ser, considero inadmisible e injustificable en cualquier circunstancia y jamás he tenido conocimiento de la separación de un recién nacido de su madre biológica realizada bajo coacciones y amenazas.
“He dedicado toda mi ya larga vida, pues acabo de cumplir 87 años hace poco, a ayudar a los más necesitados de manera desinteresada, como forma de hacer realidad mis profundas convicciones religiosas.
“Quiero dar públicamente las gracias de corazón a todas las personas e instituciones de todo el mundo que me han apoyado, dándome muestras de afecto, respeto y consideración, al conocer la situación que estoy pasando y que espero que se resuelva a la mayor brevedad.”
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