El lunes pasado observé una buena entrevista televisiva que le realizaron los analistas Federico Reyes Heroles, Jesús Silva-Herzog Márquez y Carlos Elizondo Mayer-Serra a Andrés Manuel López Obrador. El ex candidato presidencial es congruente consigo mismo: repite una y otra vez lo mismo desde 2006: que “la mafia del poder” le arrebató la elección presidencial y que ese enigmático ente todopoderoso quiere hacer lo mismo en 2012.
Todavía hoy entre dos y tres de cada diez mexicanos encuestados tienen la idea vaga de que hubo “fraude” en 2006 (percepción endeble porque no pueden explicar a qué se refieren), pero lo comprobable es que… nunca se pudo documentar tal cosa. Y vaya que sí se intentó, tanto por miembros del círculo de AMLO, como por reporteros que andábamos a la caza de tal exclusiva.

El trabajo de investigación académica más serio sobre el tema fue el de José Antonio Crespo (2006: hablan las actas. Las debilidades de la autoridad electoral mexicana/ Debate, Random House Mondadori, 2008): cuando publicó su libro lo entrevisté y, si recuerdo bien, fue categórico: al revisar las actas apreció que hubo inconsistencias en algo así como en 81 mil de un total de 130 mil casillas, las cuales pudieron perjudicar a una u otra parte, pero es imposible afirmar que hubo un fraude en las urnas: aparentemente se trató de errores que tomaron relevancia por la diferencia mínima que hubo entre Calderón y AMLO, que fue de algo más de 260 mil votos. Lo que sí es posible decir —me declaró Crespo, si no pifia mi memoria— es que, debido a esas inconsistencias, nunca sabremos realmente quién ganó, porque para ello se tenían que haber revisado los votos de todas las casillas y no sólo de 11 mil 700 de éstas, como determinó el Trife ante aquel famoso “voto por voto” que demandaban AMLO y los suyos.
Hoy, aunque ese máximo de 30% de los encuestados que cree que hubo fraude acudiera masivamente a las urnas y votara por AMLO, no le alcanza para ganar la elección… porque siete de cada 10 mexicanos opinan lo contrario.
AMLO le habla solamente a los que creen ciegamente en él y no le importa tener la imagen más negativa de los políticos mexicanos ante el resto de la población, que es la abrumadora mayoría. Él parece creer que tiene una infalible misión casi religiosa, una encomienda celestial. ¿No se llama Morena su movimiento, presentado ayer en sociedad, en clara alusión a la virgen de Guadalupe?
Escúchelo: estás con el pueblo bueno o… “le sirves a la mafia del poder”. No hay tolerancia. No hay introspección. Ni cómo hacerle entender que así no hay manera de que los jóvenes y los independientes vayan con él y lo acerquen a la pelea por la Presidencia. No se mueve un ápice, no cambia nunca. Así es él: vengan, vamos a Numancia…
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