Chihuahua.- No sólo El Búfalo en el municipio de Jiménez arrastra las huellas de Rafael Caro Quintero.

Otros ranchos ubicados en el noreste de Chihuahua alguna vez pertenecieron al llamado capo de capos; predios que al ser decomisados pasaron a ser territorios ejidales y actualmente son habitados por menonitas o ejidatarios. (Fuente: Elpueblo.com)

Tal es el caso de “Los Juncos” en el municipio de Aldama, rancho que tras la detención del sinaloense en abril de 1985 fue decomisado por el gobierno mexicano y hoy es habitado por una colonia de menonitas que no supera las 50 personas.

Según declaraciones de los lugareños, Caro Quintero utilizaba esas propiedades enclavadas en el desierto chihuahuense y ubicadas a menos de 100 kilómetros de la frontera con Texas como pistas clandestinas.

Además, continúan los testigos que en los 80 vieron cómo los camiones del Ejército se abrían paso entre brechas polvorosas ya sea para proteger al capo, o meses después, para decomisar las tierras que pasaron a ser propiedad de ejidos que se distribuyen a lo largo de los municipios de Coyame, Aldama, Ojinaga y Julimes.

Sin embargo, el temor de los ejidatarios se hace latente. Tras el fallo del Tribunal Unitario del Tercer Circuito que ordenó la inmediata liberación de Rafael Caro Quintero la pregunta queda en el aire. Los campesinos se cuestionan si el narco más buscado por Estados Unidos y México en la década de los 80 acudirá algún día a reclamar sus ropiedades. Desconocen si es legal o no, pero por si las dudas le piden protección a quien realmente se las puede brindar: Dios dicen ellos.

En el rancho El Búfalo del municipio de Jiménez ocurre algo similar. Los pobladores también se encuentran temerosos ante la liberación del capo. Y es que recordar lo que sucedió aquel día de noviembre de 1984 cuando el Ejército Mexicano logró el mayor decomiso de marihuana que se tenga memoria los marcó para siempre.

Otras historias. En la actualidad los ranchos y el terreno escarpado que conforman la nueva estructura ejidal tras el decomiso masivo de propiedades a los capos del narcotráfico no sólo enfrentan la carencia de agua o pastizal que mantenga viva la escasa actividad ganadera de la región, sino también el miedo al capo de capos: Rafael Caro Quintero.

“También aquí aterrizaba El Zorro en sus avionetas”, señala un adulto mayor y ejidatario de San Pedro en el municipio de Coyame. “Ese rancho que ve allá (La Cantera) se lo quitaron cuando hallaron marihuana escondida en una cueva”. Se refiere al famoso “Zorro de Ojinaga”, Pablo Acosta Villarreal, asesinado en 1987 en la frontera con Texas… pero esa, ya es otra historia.
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